viernes, 27 de marzo de 2009

Mi mejor verano

Todo empezó un soleado 26 de julio en el que íbamos hacia La Antilla, que es donde veraneamos.Todas las mañanas íbamos a la playa y por las tardes nos podíamos bañar en la piscina del edificio. Casi todos los días veía en la playa a quien iba a ser mi próximo profesor de Lengua, don Eladio García, con su familia disfrutando como todas las demás, y en bañador.Vosotros no podéis imaginarlo siquiera, pero yo sí porque lo he visto, y su hijo es casi exactamente igual que él. Pero no por eso fue mi mejor verano.
Todo empezó cuando mi padre venía, ya que estaba trabajando, y me puse contento porque él jugaba mucho conmigo, pero cuando llegó me puse más contento porque traía con él a mi mejor amigo, Álvaro Martín Muñoz. Me quedé absolutamente sorprendido, no me lo esperaba para nada. Me puse muy contento, y mi verano iba a ser el mejor de todos.Todos los días por la mañana íbamos a la playa, a la hora de comer veíamos una serie de antena 3 y por las tardes le preguntaba qué quería hacer y él me decía que podíamos ir a la piscina, jugar a la play o al fútbol.
Me lo pasé fenomenal ese verano; me encantaría repetirlo o también ir con mis cuatro mejores amigos. Algunas veces en la playa, Álvaro decía que no se bañaba porque el agua estaba muy fría. Total, que fue mi mejor verano.

Una amiga diferente

Hace unos años, cuando todavía estaba en primaria, conocí a un montón de amigos y amigas en los cursos 3º y 4º.
Una de ellas era Lucía Aranda, una niña que más bien iba a su rollo, así vestida hippi, con mucha imaginación, etc... Resultó que ella iba también a la misma iglesia donde nos preparábamos para la comunión. Un día decidí por el camino saludarla y hablar con ella.Todos los viernes íbamos juntas, hablábamos, cantábamos, nos contábamos cosas... Cada vez nos hacíamos más amigas y cogimos mucha confianza: ella se venía a mi casa, yo a la suya; ella se quedaba a dormir, y yo en la suya... Nos hicimos amigas inseparables; en el colegio jugábamos siempre juntas porque éramos como hermanas.
Cuando pasó un tiempo, me comentó una cosa; me dijo que se tenía que ir a vivir a Mairena del Aljarafe porque su padre trabajaba allí y la casa se le estaba quedando chica. A mí se me partió el alma, no hacía otra cosa nada más que llorar. Llegó el momento en el que se tenía que marchar y prometimos que nunca íbamos a dejar de ser amigas. Nos llamábamos siempre, pero con el tiempo nos dejamos de llamar.
El pasado 22 de noviembre me llamó para felicitarme, ya que era mi santo y se acordó; yo le dije que quedáramos y que se viniese a mi casa a dormir, ella aceptó sin pensárselo dos veces y nuestras madres estaban de acuerdo.
Cuando ella vino a Sevilla, la vi e inmediatamente nos abrazamos porque hacía dos años que no nos veíamos, y a la madre, que le cogí mucho cariño, también. Noté que ya no era la misma; era distinta: un poco creída, superficial, enfadona. Me puse un poco triste porque había cambiado mucho y nos enfadábamos. Llegó el día en que se fue; yo estaba triste porque, aunque hubiera cambiado, siempre nos lo pasábamos bien. Y conoció a mis amigas, les cayó bien y, a pesar de que no era la misma, nos reímos mucho juntas.
Lo que me duele es que su yo anterior se haya ido por completo, porque éramos las mejores amigas; la he perdido y espero que esté bien y que se lo pase muy bien con sus nuevas amigas, pero también espero que no me olvide nunca.

FIN

Un saludo cordial de: Cecilia Lerma del Valle

Cuando nació mi hermana

Mi hermana nació el día 6 de junio de 2008; ese día no lo olvidaré nunca. A las 8 de la mañana, cuando me levanté para ir al colegio, vi que mis padres estaban vestidos y les pregunté que a dónde iban. Ellos me lo contaron; me puse muy nerviosa y fuimos al hospital.
Una vez allí, llamaron a mi madre y le dijeron que ya iba a tener a la niña; la dejaron en una habitación, y nosotros estábamos con ella. Pasó todo el día; yo me quedé allí con ellos; mis abuelas también. Pero pasó la noche y no nació. Al día siguiente por la mañana la trasladaron a otra habitación. Mi hermana nació cerca de las 6 de la tarde; cuando la vi, llamé a mis amigas y se lo conté.
Mi hermana se llama Lorena. Tiene 9 meses; es muy guapa, muy simpática y muy graciosa, aunque es un poquito traviesa. Ahora está aprendiendo a andar y dice algunas palabras como papá o pez, jeje. Ya mismo cumplirá un añito. Juega mucho con mis primas, mis primos y los hermanos de mis amigos que son también de su edad. Siempre está riéndose por todo lo que le dices. Le gustan mucho los perros, los pájaros y la tortuga que tenemos en mi casa. De comer, le gustan mucho los gusanitos, las chucherías, las galletas y la fruta también. Siempre suele dormirse tarde y levantarse temprano para comer.

FIESTA DE FIN DE CURSO DE 6º

Todos estábamos muy contentos, aunque a la vez muy tristes. Estábamos contentos porque pasábamos al instituto, pero tristes porque abandonábamos el colegio en el que habíamos aprendido a leer, sumar, restar... Es decir, en el que habíamos pasado nuestra infancia.
Había un escenario enorme en el patio del colegio, y todos disfrutamos mucho viendo los bailes y actuaciones de otros cursos. Si no recuerdo mal, no paramos en todo el día. Recorrimos el patio un montón de veces y solo parábamos para ver las actuaciones. Todos iban muy rápido, y yo y la persona que me llevaba no parábamos de decir:"¡Esperad!". Sí,sí, he dicho la persona que me llevaba, porque solo hacía varios días que me habían operado de los pies, e iba en silla de ruedas.
Luego comimos algunas cosas que habíamos llevado, y todos, excepto yo, subieron al escenario a darle un regalo al profesor y a leer un discurso que habíamos preparado para dar las gracias a todos los profesores y profesoras. Entonces, mis amigas le dijeron al profesor que yo me había quedado abajo y el profesor dijo por el micrófono:
- Andrea, que sepas que no te olvidamos aunque estés ahí abajo.
Todo el mundo empezó a aplaudir y me emocioné. Este fue el mejor día de colegio de mi vida y nunca lo olvidaré.



jueves, 26 de marzo de 2009

El día en el que robé sin querer una tabla de surf

Hace cuatro años fui de vacaciones en verano a la Línea de la Concepción(Cádiz) con mis padres y mi hermano. En la playa había muchas medusas, y me picaron dos; la arena de la playa era de un color marrón claro y en el mar abundaban las algas. Nosotros habíamos alquilado una barca de pedales de las que tienen tobogán; cuando estábamos en ella, mi hermano y yo vimos una gran medusa que se acercaba a nosotros, y cuando estuvo lo bastante cerca conseguimos cogerla con ayuda de un cubo. Al cabo de aproximadamente una hora, el dueño de la barca nos llamó desde la orilla y tuvimos que regresar.
Unos días después, fuimos a un Carrefour. Yo quería una tabla de surf; era de corcho, azul y con el dibujo de un tiburón; mis padres me dejaron cogerla para pasarla por caja.Cuando llegamos a la caja para pagar todo, a mí se me olvidó pasar la tabla por la caja, y entonces, al salir del establecimiento, nos dimos cuenta de que habíamos pagado todo menos la tabla . Tuvimos suerte, ya que la tabla de surf nos salió gratis.
Un día que llevé la tabla a la playa, me despisté durante un instante y cuando me volví para coger la tabla un niño, recuerdo que tendría unos 8 años, de cabellos largos castaños, ojos y piel oscura intentó robarme la tabla, pero me di cuenta, salí corriendo tras él y conseguí recuperarla, aunque también hay que decir que el niño era bastante rápido.

viernes, 20 de marzo de 2009

El día de reyes.

La mañana de reyes, mi hermana pequeña me levantó temprano muy nerviosa:"¡Ana, vamos a abrir los regalos!" Miré el reloj y eran las ocho y media de la mañana. Le dije que era muy temprano, que se acostara un ratito en mi cama y que abriríamos los regalos más tarde. A las once menos cuarto nos llamaron mis padres diciéndonos que fuéramos ya a abrir los regalos. Mi hermana se levantó y corrió rápidamente hasta el salón. Allí, encima del sofá, había un paquete en el que ponía "Laura". Mi hermana lo vio y fue a abrirlo. Era la casa de la barbie que ella había pedido. Bajo el árbol de navidad había un paquete con pequeños agujeritos en el que ponía "Ana". Cuando lo vi me quedé impresionada pues que yo recordara no había pedido algo tan grande. Mis padres me dijeron que lo abriera. Cuando me acerqué, para mi asombro el paquete se movió. Rompí el lacito que lo cubría y lo destapé. ¡Era un cachorrito! No me lo podía creer, corrí hacia mis padres con el perrito entre los brazos y les di un fuerte abrazo a cada uno. Me dijeron que tenía cinco meses y que era un dogo argentino. También me avisaron que cuando creciera iría al campo de mi tío, pues era un perro bastante grande para un piso.

Eso me entristeció, pero al ratito se me olvidó pues estaba loca de alegría. Rápidamente llamé a Marina(mi mejor amiga). Le dije que me habían regalado un cachorrito y empezó a gritar. Me tuve que vestir y prepararme rápidamente para ir a las casas de mis dos abuelas a recoger los otros regalitos.

Mis padres me dijeron que, con la emoción, se me había olvidado abrir los demás regalos. Los abrí: había un MP4, ropa, unos zapatos y una pequeña correíta para mi perrito. Mientras me vestía, pensé el nombre y no se me ocurría nada.Cuando llegué a casa de mi abuela Ana con el perrito en las manos, mi primo Abraham pegó un grito y corrió hacia mí.

-¡Qué cosa más bonita!-me dijo-. ¿Qué nombre le has puesto?
- No tiene nombre; es que no se me ocurría nada.
-¿Es macho, verdad?
-¡Sí!-le respondí.
-Pues ponle Pichita.

¡Con las zapatillas de casa en el colegio!

Cuando tenía 4 años, me sucedió algo increíble. Era un día de colegio y, dado que yo vivía enfrente de éste, me levantaba más tarde que mis compañeros.Yo siempre me iba sola y mi madre me veía por el balcón, pero ese día estaba muy ajetreada y no pudo. El colegio empezaba a las 9:00 de la mañana y yo me levantaba a las 8:30, pero ese día me quedé dormida y me levanté minutos más tarde. Cuando miré el reloj y vi la hora que era, me preocupé muchísimo porque pensé que no me iba a dar tiempo; por eso me vestí y desayuné lo más rápido posible. Quedaban unos dos minutos para que sonara la sirena del colegio, y mi madre todavía me estaba haciendo el bocadillo.
Al final, pude llegar a tiempo pero, cuando estaba hablando con mis amigas, me di cuenta de que ¡llevaba las zapatillas de casa puestas! Mis amigas se rieron muchísimo, pero yo estaba muy avergonzada. Por suerte, los profesores no me dijeron nada, pero yo me moría de la vergüenza. Cuando era la hora del recreo, les pregunté si me podía quedar en clase porque no quería que todo el mundo me viera así, y me dejaron quedarme. Durante la media hora que duraba el recreo, me quedé sola en mi mesa sentada y aburrida. Estuve todo el día muy avergonzada, y cuando sonó la sirena de salida del colegio y yo ya decía: "¡Por fin!", fui corriendo a mi casa y se lo expliqué todo a mi madre.
Después de contárselo se rió un poco, aunque para mí no tenía ninguna gracia; pero, cuando lo pensé realmente, me di cuenta de que era lo más gracioso que me había pasado en toda mi vida.

Primer verano juntas en Rota

Macarena:
Había llegado el verano. Todo estaba listo ya; las maletas, metidas en el coche, todo preparado, estaba ya dentro del coche. Todo se repetía una vez más, creía que otra vez sería igual, otro verano más, monótono, sin nada nuevo. Pero al poco de llegar a mi destino, el pueblo de Rota, tuve una agradable sorpresa: una de mis mejores amigas había adquirido una casa allí. Pocos días después empezó todo; quizás uno de los mejores veranos de mi vida, uno que pasé con quizá mi mejor amiga, una chica de preciosos ojos celestes, muy alegre, graciosa y que siempre estaba ahí para ayudarme cuando lo necesitaba, con la que compartí inolvidables días en la playa. Además conocí a su prima, una chica aunque algo pava, muy buena persona y muy graciosa; aunque se pasaba la mayoría del tiempo leyendo bajo la sombrilla, nos hicimos grandes amigas.

Teresa:
Cuando llegué a Rota por primera vez no pude contener la emoción al ver mi apartamento, pero lo que captó mi atención fueron los jardines que rodeaban la urbanización y las dos enormes piscinas que en estos se encontraban. Cogí las maletas, corrí hacia la casa, entré como un pequeño torbellino en la habitación, tiré las maletas en la cama y me puse a rebuscar en ellas nerviosamente el bikini. Nada más lo tuve puesto, corrí de nuevo hacia afuera, me salté la pequeña valla que rodeaba la piscina y me tiré a ella de cabeza; el verano había comenzado y aunque creí que sería genial, nunca pude imaginar la de aventuras que viviría pues aún no sabía que allí también tenía un apartamento una de mis mejores amigas, una chica con un gran corazón, graciosa pero cuya risa no suele mostrar y que siempre está dispuesta a ayudar a los demás.

Mi primer día de instituto

La mañana del quince de septiembre era mi primer día de instituto. Todo era nuevo para mí: los profesores, mis compañeros, etc... Yo, al ver que llegaba tanta gente, miré para los lados a ver si conocía a alguien, pero nada más que conocía a dos o tres amigos.
La entrada del instituto cada vez se llenaba más. Al ver que un profesor reunía a los niños para que se fuesen al SUM, yo me acerqué. Cuando llegaron todos al SUM, los profesores comenzaron su presentación. Una vez que terminaron las presentaciones, comenzaron a repartinos unos ejercicios para posteriormente evaluar nuestro nivel de conocimiento. Entre los cambios de esos ejercicios nos dejaban un breve descanso. Nos volvieron a llamar, y así sucesivamente hasta tres veces. Y después de haber acabado todos, nos fuimos a casa. Al llegar a mi casa pensé que el instituto no sería tan fácil como el colegio.
Al siguiente día cuando entré en la clase me senté en la segunda fila, pero después vinieron unas niñas (Miriam y Aida) y me dijeron que si me podía quitar, yo les respondí que sí. Cogí mis cosas y me puse al final.
Cuando llegó el primer profesor, empezó a pasar lista. Yo como era nuevo no estaba en ella; entonces le dije a mi tutor que me pusiera en todas las listas de mis profesores.
Cuando llegué a mi casa , muy emocionado le dije a mis padres que había conocido a muchos niños y niñas.
Ahora soy muy amigo de dos compañeros (Carlos y Andrés) y también de algunos niños de otras clases.

Viaje de fin de curso

Era un lunes temprano. Todo el mundo estaba deseando que llegara ese momento, y todos teníamos que estar en el colegio, esperando al autobús, a las ocho en punto. Estábamos muy nerviosos y, cuando nos despedimos de nuestros padres, nos fuimos. Iban nuestro profesor, Juan de Dios, la profesora de la otra clase, Emilia, y el que hacía las fotos, Manolo. El viaje duró alrededor de dos horas y media, y algunas personas llegaron incluso a marearse.
Cuando llegamos allí, había tres monitores: Julio, Mónica y Fernando. Ellos nos enseñaron el campamento y las habitaciones.
Al día siguiente, nos levantaron con música a las 9:00, desayunamos y nos fuimos a hacer actividades en tres grupos diferentes: bicicleta, tiro con arco, tirolina... Luego, nos fuimos a comer, descansamos un rato, y nos fuimos a un pueblo a hacer una yincana. El objetivo era coger todas las pistas del mapa y llegar antes que los demás. Algunos grupos se dividieron en otros dos grupos y, como uno de ellos no tenía mapa, nos perdimos. Al final, dos grupos nos encontramos e intentamos localizar a los monitores y a nuestros compañeros. Cuando vimos que estábamos perdidos, todas las niñas y un niño nos pusimos a llorar y, finalmente, los encontramos y nos fuimos a las cabañas. Nos duchamos, cenamos y nos quedamos un rato jugando a juegos muy divertidos.
El segundo día, por la mañana, hicimos rápel, piragüismo y cars, y por la tarde, las actividades del día anterior que no hicimos porque no nos dio tiempo. Y por la noche, después de cenar, hicimos más juegos y una "mini" discoteca. Debemos decir que todos nos quedamos roncos por la discoteca.
Al tecer día hicimos senderismo por la mañana, y nos dejaron bañarnos en la piscina media hora. Después de comer, hicimos nuestras maletas y por la tarde, nos fuimos al pueblo de al lado a hacer un concurso de fotos; había que ir haciendo fotos con las cosas que te pedían en el pueblo. Al final, dieron premios a los que ganaron la yincana, el concurso de fotos y el cerdómetro (que era una actividad para ver quién tenía la habitación más limpia, poniendo nota).
Hicimos muchas fotos y nos divertimos mucho, pero llegó la hora de irnos y nos dio mucha pena.
Fue un viaje que nunca olvidaremos.


FIN

Cómo conocí a Carmen Calcatierra

Era un día nublado del año 2004. Tenía nueve años y entraba en tercero de primaria, con nuevos compañeros y amigos. Había una chica rubia de pelo rizado y piel pálida; al principio me pareció muy tímida ya que no hablaba mucho, siempre estaba con una amiga mía de toda la vida, Carmen Cantos. Me empecé a juntar con ella porque me daba un poco de vergüenza juntarme directamente con los que no conocía. Mi amiga me los fue presentando:
- La chica rubia es Carmen Calcatierra y la del pelo moreno es Raquel Alba-dijo señalándolas-.
- Hola-musité-.
Ellas me contestaron con una sonrisa. Carmen Cantos, apresuradamente, dijo:
- Ella es Mª Carmen-señalándome a mí-.
Lo que no sabía era que me iba a llevar tan bien con ellas, especialmente con Carmen Calcatierra. Ahora estamos en 1º de ESO, nos llevamos mejor que antes, nos contamos cosas, nos aconsejamos y ayudamos. Lo normal sería decir que somos muy buenas amigas. Por cierto, se puede confiar mucho en ella.
Te quiero, Carmen.



Una amistad por encima del racismo:

Hace dos años, cuando aún estaba en primaria, conocí a una persona que me hizo cambiar mi opinión sobre los inmigrantes. Esa persona se llamaba Andrea Roxanna Banica, y había emigrado desde Rumanía porque a su padre lo habían destinado a España.
Un día en clase, nos informaron de que iba a incorporarse a nuestro grupo una chica rumana. Casi nadie tenía ilusión en conocerla, puesto que normalmente la gente dice que no son buenas personas y que uno no se puede fiar mucho de ellos. Pero la verdad, si hubieran conocido a Andrea no habrían dejado que nadie hablara así de ellos.
Llegó el día, llamaron a la puerta del aula, y nuestra tutora nos presentó a una chica de cabello oscuro y ondulado, que le llegaba hasta los hombros, y de ojos color chocolate. Su postura denotaba que era una chica tímida y que no estaba disfrutando mucho con que todas las miradas se posaran en ella.
Enseguida, Andrea fue recibida por algunas de las chicas de la clase que, desafortunadamente, eran en las que menos confiaba, debido a su tendencia a dejar de lado; pero Andrea no lo sabía, y ocurrió. Al cabo de unas semanas, Andrea ya no tenía a nadie con quien estar. Mª Carmen y yo hacía tiempo que queríamos conocerla mejor. En el recreo, nos acercamos a ella y estuvimos hablando hasta que la campana sonó a las doce y media; y así diariamente.
Andrea resultó ser una de esas personas de las que pocas quedan ya: sincera, alegre, divertida, soñadora y, lo más importante, nunca ocultó su forma de ser; ella estaba contenta consigo misma y jamás pensó siquiera en cambiar para caerle bien a alguien. Nos habló de Rumanía, de los amigos y la familia que había dejado allí, de las costumbres de su país , etc.
En solo unos días nos hicimos inseparables hasta para ir al baño.
Un recreo, nos prometimos que no faltaríamos a ningún cumpleaños de alguna de nosotras, ni siquiera aunque nos hubiéramos peleado.
Lo que no sabíamos era que esa promesa no se podría cumplir nunca. Cuando solo faltaban unos días para mi cumpleaños, Andrea tuvo que volver a Rumanía ya que a su hermano el clima de España le afectaba a los pulmones.
Desde que se fue no he vuelto a saber de ella, y la echo muchísimo de menos. Cada cumpleaños me acuerdo de ella y, aunque no esté aquí para felicitarme, siento que ella tambien está pensando en mí.
Siempre la recordaré coma a una bellísima persona a la que jamás olvidaré (y espero que ella tampoco me olvide a mí) y que me enseñó que todos somos iguales, seamos de donde seamos, y que no se puede juzgar a alguien sólo por sus costumbres.

El primer día de instituto

Entré en el instituto para mirar las listas, a ver si estaba en ellas. Pero no vi mi nombre y tuve que decirle a un señor que no estaba en las listas, y el señor me apuntó muy rápido en un papel. Y me dijo que tenía que ir a la clase de 1º A; también me dijo que antes tenía que ir al "SUM". Allí dijeron los nombres de niños y niñas; entre ellos , estaba yo.
Después nos fuimos a la biblioteca donde nos dieron los libros del curso. Acto seguido, nos fuimos hacia la clase todos a esperar a nuestro nuevo tutor que nos acompañaría el primer curso en el instituto: Don Raúl Núñez Cabello. Nos situamos todos en nuestro sitios con nuestras parejas. Yo me senté enfrente del profesor junto a una chica pelirroja llamada Isa. A continuación, el tutor nos explicó las normas y cómo transcurría el instituto: los horarios, lo que no se podía hacer etc. Yo estaba muy nerviosa porque no sabía cómo me iba a ir el instituto; además, no conocía a nadie y eso empeoraba las cosas. En ese momento pensaba en mis amigos de mi antiguo colegio: Mariana de Pineda. Pensaba si me echarían de menos, si estarían pensando en mí en ese momento, etc. Echaba mucho de menos a mi mejor amiga, María José. Ella, en esos momentos, me animaba con sus risas, su alegría... en fin, su manera de ser.
Pero ahora, aquí, en este momento, mi segundo trimestre en este instituto, no la echo tanto de menos, porque ya tengo amigas nuevas y son muy simpáticas y buenas conmigo. Desde aquí, les doy un fuerte abrazo. ¡OS QUIERO!


viernes, 13 de marzo de 2009

DE MAYTE Y ELENA (2ª PARTE)

CONTINUACIÓN:

Pensaron en encontrar el camino a la carretera para hacer autostop. Estaban muy nerviosas porque no sabían si encontrarían el camino, pero esforzándose y andando mucho consiguieron llegar a la carretera.
Un hombre se apiadó de ellas y las recogió. Estaban muy agradecidas y muy contentas, pero ni siquiera vieron las intenciones de aquel individuo, sin embargo parecía bastante amable. Las niñas le contaron su historia y el hombre les dijo que no se preocuparan que las llevaría a su destino, y como eran muy inocentes le creyeron. Las niñas tardaron mucho en darse cuenta de que no iban por el camino correcto y corriendo se lo dijeron al hombre y él no contestó. Se quedaron un poco extrañadas y empezaron a asustarse; querían bajar del coche pero el hombre no las dejó y por fin les habló:
-Niñas estúpidas, ¿no os han dicho vuestros padres que no se habla con desconocidos y, ni mucho menos, montarse en el coche de desconocidos?
Las chicas chillaron y lamentaron mucho haberse subido en el coche con aquel desconocido; rápidamente encontraron una salida al final de la camioneta y saltaron. El hombre, al darse cuenta, se enfadó mucho y paró la camioneta para buscarlas. Las niñas salieron corriendo y el hombre fue en busca de ellas; como estaban escondidas detrás de un arbusto, el hombre no las vio, y corriendo salieron de su escodite y fueron a la camioneta. Pensaron en conducir; era una locura, pero tenían que intentarlo ya que se sabían el camino de vuelta. Laira cogió el volante y Nuria los pedales; acabaron muy sucias pero mereció la pena ya que llegaron a casa sanas y salvas.
Corriendo fueron a buscar a sus padres, que por suerte estaban a punto de salir en su busca; pero llegaron a tiempo y nunca más se volvieron a escapar.

FIN

Autoras: Mayte Silva Martín y
Elena Sutil-Gaón Ruiz

Pepe, el kamikaze

Iba un hombre llamado Pepe por la carretera con su coche, una noche de invierno, cuando se le acabó la gasolina. Entonces, salió del coche para buscar una gasolinera. Tras media hora andando, llegó a una. Allí no vio a nadie, pero sí un coche. Pensó que habría alguien dentro, pero al acercarse no vio a nadie. Entró en la caseta de la gasolinera y encontró una escopeta. Enseguida la cogió y estaba cargada. Pepe salió y fue al coche, que tenía las llaves puestas.

Tras un rato conduciendo, puso la radio. Las noticias hablaban de que la policía había encontrado un coche abandonado. También decían que buscaban al dueño. Tiempo después se encontró con una pareja de policías. Le entró miedo, decidió coger la escopeta y mató a los dos policías.

Salió del coche, cogió sus armas y se volvió a montar. Después, vio varias luces parpadeantes, rojas y azules. La policía empezó a dispararle. Una bala dio en una rueda, pero siguió conduciendo. Delante vio algunos coches de la policía parados. Pepe se cayó por la ladera. De alguna extraña manera, consiguió esquivar todos los árboles. Pero una bala le atravesó la cabeza. El coche se chocó en la pared de una cabaña. Al chocar, atropelló a tres personas: un hombre y dos niños.

Cuando la policía inspeccionó el coche y el cuerpo, se encontraron con un detonador. Intentaron desmontarlo, pero sin querer lo activaron. Este tenía un temporizador de medio minuto. La bomba estaba en el maletero y explotó, matando a los policías y destrozando el pueblo en el que se encontraban.

El eco de una chica respondona

La obra de teatro que representamos en 6º se llamaba EL ECO DE UNA CHICA RESPONDONA.
El día de repartir los papeles, todos estabamos muy nerviosos, no sabíamos si nos iban a dar el papel que queríamos.

El obra trataba de que Eco se hacía independiente y dejaba de repetir lo que decían los demás. Acompañada de sus amigos Borrego, Borrega, Vicente y Vicenta, se burlaba de unos pobres alumnos y su profesora, una pareja locamente enamorada, unas estiradas políticas que querían presentarse a las elecciones, unos niños entre el público, unos excursionistas y un policía.

Eco también contaba la historia de su amigo Narciso: Eco contaba muy bien los cuentos y Zeus se quedaba embelesado escuchando sus historias. Su mujer, enfadada porque no le hacía caso, castigó a Eco, que antes era una ninfa, haciéndole repetir todo lo que decían los demás. Eco se iba todas las tardes con su amigo Narciso a jugar. Esa tarde, Eco estaba muy preocupada porque no sabía cómo iba a reaccionar Narciso cuando ella repitiera todo lo que decía. Narciso llegó. Todo fue muy mal, y Eco y Narciso no se volvieron a ver. Narciso era muy guapo, tan guapo que cuando se agachó al río para beber agua, vio su rostro reflejado y se enamoró de sí mismo. Entonces quiso abrazarse, se cayó al agua y murió para siempre.
En esta obra, todos disfrutamos mucho, aunque no era la primera que habíamos hecho. El año anterior, en 5º, habíamos representado una titulada EL TEATRO DEL REVÉS: PEDRO Y EL LOBO. Pero esa ya os la han contado Beatriz y Carmen.

Ángela, el ángel

Hace algunos años, una mujer llamada Carla tuvo a su primera hija. Nada más nacer a la niña le diagnosticaron un cáncer y le dijeron que no iba a tener muchos años de vida. Sin embargo, los años pasaban y pasaban. Carla tenía miedo de que de un día para otro la niña muriera. La niña, que se llamaba Ángela, era una niña muy buena pero solitaria ya que los niños de su clase no le hacían caso. Su madre la animaba diciendo que sus compañeros algún día se darían cuenta del daño que le estaban haciendo. Ángela murió con ocho años; Carla lo pasó muy mal ese año porque ella era su única hija.
Ángela se levantó de una cama muy rara, parecía una nube pero no estaba muy segura. Andando un rato por allí, se dio cuenta de que no había paredes y no conseguía salir de aquel sitio. De pronto, entró una mujer muy guapa y le dijo que se llamaba Laura. Ésta le dijo a Ángela que había muerto y que estaba en el cielo con ella.
Ángela empezó a llorar ya que sabía que no iba a ver más a su madre, pero Laura la tranquilizó y le dijo que ella iba a ser su madre allí.
Laura le estuvo contando las cosas y las normas que había allí. Dieron un paseo y se encontró con una amiga de su abuela. Ángela empezó a escuchar a unas mujeres que hablaban de un sorteo para bajar a la tierra durante un año. Intrigada decidió preguntarle a Laura, su ángel de la guarda, de qué se trataba eso y ella le contó que todos los años bajaba un ángel para ayudar a otras personas. A Ángela le gustó esa idea.
Llegó el día del sorteo y Ángela salió elegida; le dieron unas normas y le dijeron que nunca podía llamar la atención.
Primero fue a su casa y allí observó a su madre viendo una película de cuando ella era pequeña. Su madre lloraba mucho y además tenía entre sus brazos un osito que ella le regaló cuando cumplió cinco años. Ángela en ese instante pensó que siempre le ayudaría a sobrellevar su pérdida.
Ángela recordó que también había bajado para ayudar a los compañeros que tuvo en el colegio. Al dirigirse allí, al primero que vio fue a Raúl, el peor niño de su clase, que se estaba metiendo con una niña y Ángela hizo que la tratara bien y le diera el bocadillo que le había quitado. Ángela estuvo haciendo todas esas cosas para que todos los niños fueran buenos.
Cuando el año terminó y subió de nuevo al cielo, todos vieron que Ángela estaba muy contenta, porque dejó a su madre más tranquila y porque la vida de los niños era más alegre. Ángela le comentó a Laura que había sido el año más feliz de su vida.

FIN