viernes, 13 de marzo de 2009

Ángela, el ángel

Hace algunos años, una mujer llamada Carla tuvo a su primera hija. Nada más nacer a la niña le diagnosticaron un cáncer y le dijeron que no iba a tener muchos años de vida. Sin embargo, los años pasaban y pasaban. Carla tenía miedo de que de un día para otro la niña muriera. La niña, que se llamaba Ángela, era una niña muy buena pero solitaria ya que los niños de su clase no le hacían caso. Su madre la animaba diciendo que sus compañeros algún día se darían cuenta del daño que le estaban haciendo. Ángela murió con ocho años; Carla lo pasó muy mal ese año porque ella era su única hija.
Ángela se levantó de una cama muy rara, parecía una nube pero no estaba muy segura. Andando un rato por allí, se dio cuenta de que no había paredes y no conseguía salir de aquel sitio. De pronto, entró una mujer muy guapa y le dijo que se llamaba Laura. Ésta le dijo a Ángela que había muerto y que estaba en el cielo con ella.
Ángela empezó a llorar ya que sabía que no iba a ver más a su madre, pero Laura la tranquilizó y le dijo que ella iba a ser su madre allí.
Laura le estuvo contando las cosas y las normas que había allí. Dieron un paseo y se encontró con una amiga de su abuela. Ángela empezó a escuchar a unas mujeres que hablaban de un sorteo para bajar a la tierra durante un año. Intrigada decidió preguntarle a Laura, su ángel de la guarda, de qué se trataba eso y ella le contó que todos los años bajaba un ángel para ayudar a otras personas. A Ángela le gustó esa idea.
Llegó el día del sorteo y Ángela salió elegida; le dieron unas normas y le dijeron que nunca podía llamar la atención.
Primero fue a su casa y allí observó a su madre viendo una película de cuando ella era pequeña. Su madre lloraba mucho y además tenía entre sus brazos un osito que ella le regaló cuando cumplió cinco años. Ángela en ese instante pensó que siempre le ayudaría a sobrellevar su pérdida.
Ángela recordó que también había bajado para ayudar a los compañeros que tuvo en el colegio. Al dirigirse allí, al primero que vio fue a Raúl, el peor niño de su clase, que se estaba metiendo con una niña y Ángela hizo que la tratara bien y le diera el bocadillo que le había quitado. Ángela estuvo haciendo todas esas cosas para que todos los niños fueran buenos.
Cuando el año terminó y subió de nuevo al cielo, todos vieron que Ángela estaba muy contenta, porque dejó a su madre más tranquila y porque la vida de los niños era más alegre. Ángela le comentó a Laura que había sido el año más feliz de su vida.

FIN