Cuando tenía 4 años, me sucedió algo increíble. Era un día de colegio y, dado que yo vivía enfrente de éste, me levantaba más tarde que mis compañeros.Yo siempre me iba sola y mi madre me veía por el balcón, pero ese día estaba muy ajetreada y no pudo. El colegio empezaba a las 9:00 de la mañana y yo me levantaba a las 8:30, pero ese día me quedé dormida y me levanté minutos más tarde. Cuando miré el reloj y vi la hora que era, me preocupé muchísimo porque pensé que no me iba a dar tiempo; por eso me vestí y desayuné lo más rápido posible. Quedaban unos dos minutos para que sonara la sirena del colegio, y mi madre todavía me estaba haciendo el bocadillo.
Al final, pude llegar a tiempo pero, cuando estaba hablando con mis amigas, me di cuenta de que ¡llevaba las zapatillas de casa puestas! Mis amigas se rieron muchísimo, pero yo estaba muy avergonzada. Por suerte, los profesores no me dijeron nada, pero yo me moría de la vergüenza. Cuando era la hora del recreo, les pregunté si me podía quedar en clase porque no quería que todo el mundo me viera así, y me dejaron quedarme. Durante la media hora que duraba el recreo, me quedé sola en mi mesa sentada y aburrida. Estuve todo el día muy avergonzada, y cuando sonó la sirena de salida del colegio y yo ya decía: "¡Por fin!", fui corriendo a mi casa y se lo expliqué todo a mi madre.
Después de contárselo se rió un poco, aunque para mí no tenía ninguna gracia; pero, cuando lo pensé realmente, me di cuenta de que era lo más gracioso que me había pasado en toda mi vida.
Después de contárselo se rió un poco, aunque para mí no tenía ninguna gracia; pero, cuando lo pensé realmente, me di cuenta de que era lo más gracioso que me había pasado en toda mi vida.