Hace unos años, cuando todavía estaba en primaria, conocí a un montón de amigos y amigas en los cursos 3º y 4º.
Una de ellas era Lucía Aranda, una niña que más bien iba a su rollo, así vestida hippi, con mucha imaginación, etc... Resultó que ella iba también a la misma iglesia donde nos preparábamos para la comunión. Un día decidí por el camino saludarla y hablar con ella.Todos los viernes íbamos juntas, hablábamos, cantábamos, nos contábamos cosas... Cada vez nos hacíamos más amigas y cogimos mucha confianza: ella se venía a mi casa, yo a la suya; ella se quedaba a dormir, y yo en la suya... Nos hicimos amigas inseparables; en el colegio jugábamos siempre juntas porque éramos como hermanas.
Cuando pasó un tiempo, me comentó una cosa; me dijo que se tenía que ir a vivir a Mairena del Aljarafe porque su padre trabajaba allí y la casa se le estaba quedando chica. A mí se me partió el alma, no hacía otra cosa nada más que llorar. Llegó el momento en el que se tenía que marchar y prometimos que nunca íbamos a dejar de ser amigas. Nos llamábamos siempre, pero con el tiempo nos dejamos de llamar.
El pasado 22 de noviembre me llamó para felicitarme, ya que era mi santo y se acordó; yo le dije que quedáramos y que se viniese a mi casa a dormir, ella aceptó sin pensárselo dos veces y nuestras madres estaban de acuerdo.
Cuando ella vino a Sevilla, la vi e inmediatamente nos abrazamos porque hacía dos años que no nos veíamos, y a la madre, que le cogí mucho cariño, también. Noté que ya no era la misma; era distinta: un poco creída, superficial, enfadona. Me puse un poco triste porque había cambiado mucho y nos enfadábamos. Llegó el día en que se fue; yo estaba triste porque, aunque hubiera cambiado, siempre nos lo pasábamos bien. Y conoció a mis amigas, les cayó bien y, a pesar de que no era la misma, nos reímos mucho juntas.
Lo que me duele es que su yo anterior se haya ido por completo, porque éramos las mejores amigas; la he perdido y espero que esté bien y que se lo pase muy bien con sus nuevas amigas, pero también espero que no me olvide nunca.
FIN
Un saludo cordial de: Cecilia Lerma del Valle
Una de ellas era Lucía Aranda, una niña que más bien iba a su rollo, así vestida hippi, con mucha imaginación, etc... Resultó que ella iba también a la misma iglesia donde nos preparábamos para la comunión. Un día decidí por el camino saludarla y hablar con ella.Todos los viernes íbamos juntas, hablábamos, cantábamos, nos contábamos cosas... Cada vez nos hacíamos más amigas y cogimos mucha confianza: ella se venía a mi casa, yo a la suya; ella se quedaba a dormir, y yo en la suya... Nos hicimos amigas inseparables; en el colegio jugábamos siempre juntas porque éramos como hermanas.
Cuando pasó un tiempo, me comentó una cosa; me dijo que se tenía que ir a vivir a Mairena del Aljarafe porque su padre trabajaba allí y la casa se le estaba quedando chica. A mí se me partió el alma, no hacía otra cosa nada más que llorar. Llegó el momento en el que se tenía que marchar y prometimos que nunca íbamos a dejar de ser amigas. Nos llamábamos siempre, pero con el tiempo nos dejamos de llamar.
El pasado 22 de noviembre me llamó para felicitarme, ya que era mi santo y se acordó; yo le dije que quedáramos y que se viniese a mi casa a dormir, ella aceptó sin pensárselo dos veces y nuestras madres estaban de acuerdo.
Cuando ella vino a Sevilla, la vi e inmediatamente nos abrazamos porque hacía dos años que no nos veíamos, y a la madre, que le cogí mucho cariño, también. Noté que ya no era la misma; era distinta: un poco creída, superficial, enfadona. Me puse un poco triste porque había cambiado mucho y nos enfadábamos. Llegó el día en que se fue; yo estaba triste porque, aunque hubiera cambiado, siempre nos lo pasábamos bien. Y conoció a mis amigas, les cayó bien y, a pesar de que no era la misma, nos reímos mucho juntas.
Lo que me duele es que su yo anterior se haya ido por completo, porque éramos las mejores amigas; la he perdido y espero que esté bien y que se lo pase muy bien con sus nuevas amigas, pero también espero que no me olvide nunca.
FIN
Un saludo cordial de: Cecilia Lerma del Valle