viernes, 20 de marzo de 2009

Primer verano juntas en Rota

Macarena:
Había llegado el verano. Todo estaba listo ya; las maletas, metidas en el coche, todo preparado, estaba ya dentro del coche. Todo se repetía una vez más, creía que otra vez sería igual, otro verano más, monótono, sin nada nuevo. Pero al poco de llegar a mi destino, el pueblo de Rota, tuve una agradable sorpresa: una de mis mejores amigas había adquirido una casa allí. Pocos días después empezó todo; quizás uno de los mejores veranos de mi vida, uno que pasé con quizá mi mejor amiga, una chica de preciosos ojos celestes, muy alegre, graciosa y que siempre estaba ahí para ayudarme cuando lo necesitaba, con la que compartí inolvidables días en la playa. Además conocí a su prima, una chica aunque algo pava, muy buena persona y muy graciosa; aunque se pasaba la mayoría del tiempo leyendo bajo la sombrilla, nos hicimos grandes amigas.

Teresa:
Cuando llegué a Rota por primera vez no pude contener la emoción al ver mi apartamento, pero lo que captó mi atención fueron los jardines que rodeaban la urbanización y las dos enormes piscinas que en estos se encontraban. Cogí las maletas, corrí hacia la casa, entré como un pequeño torbellino en la habitación, tiré las maletas en la cama y me puse a rebuscar en ellas nerviosamente el bikini. Nada más lo tuve puesto, corrí de nuevo hacia afuera, me salté la pequeña valla que rodeaba la piscina y me tiré a ella de cabeza; el verano había comenzado y aunque creí que sería genial, nunca pude imaginar la de aventuras que viviría pues aún no sabía que allí también tenía un apartamento una de mis mejores amigas, una chica con un gran corazón, graciosa pero cuya risa no suele mostrar y que siempre está dispuesta a ayudar a los demás.