viernes, 20 de marzo de 2009

El día de reyes.

La mañana de reyes, mi hermana pequeña me levantó temprano muy nerviosa:"¡Ana, vamos a abrir los regalos!" Miré el reloj y eran las ocho y media de la mañana. Le dije que era muy temprano, que se acostara un ratito en mi cama y que abriríamos los regalos más tarde. A las once menos cuarto nos llamaron mis padres diciéndonos que fuéramos ya a abrir los regalos. Mi hermana se levantó y corrió rápidamente hasta el salón. Allí, encima del sofá, había un paquete en el que ponía "Laura". Mi hermana lo vio y fue a abrirlo. Era la casa de la barbie que ella había pedido. Bajo el árbol de navidad había un paquete con pequeños agujeritos en el que ponía "Ana". Cuando lo vi me quedé impresionada pues que yo recordara no había pedido algo tan grande. Mis padres me dijeron que lo abriera. Cuando me acerqué, para mi asombro el paquete se movió. Rompí el lacito que lo cubría y lo destapé. ¡Era un cachorrito! No me lo podía creer, corrí hacia mis padres con el perrito entre los brazos y les di un fuerte abrazo a cada uno. Me dijeron que tenía cinco meses y que era un dogo argentino. También me avisaron que cuando creciera iría al campo de mi tío, pues era un perro bastante grande para un piso.

Eso me entristeció, pero al ratito se me olvidó pues estaba loca de alegría. Rápidamente llamé a Marina(mi mejor amiga). Le dije que me habían regalado un cachorrito y empezó a gritar. Me tuve que vestir y prepararme rápidamente para ir a las casas de mis dos abuelas a recoger los otros regalitos.

Mis padres me dijeron que, con la emoción, se me había olvidado abrir los demás regalos. Los abrí: había un MP4, ropa, unos zapatos y una pequeña correíta para mi perrito. Mientras me vestía, pensé el nombre y no se me ocurría nada.Cuando llegué a casa de mi abuela Ana con el perrito en las manos, mi primo Abraham pegó un grito y corrió hacia mí.

-¡Qué cosa más bonita!-me dijo-. ¿Qué nombre le has puesto?
- No tiene nombre; es que no se me ocurría nada.
-¿Es macho, verdad?
-¡Sí!-le respondí.
-Pues ponle Pichita.

¡Con las zapatillas de casa en el colegio!

Cuando tenía 4 años, me sucedió algo increíble. Era un día de colegio y, dado que yo vivía enfrente de éste, me levantaba más tarde que mis compañeros.Yo siempre me iba sola y mi madre me veía por el balcón, pero ese día estaba muy ajetreada y no pudo. El colegio empezaba a las 9:00 de la mañana y yo me levantaba a las 8:30, pero ese día me quedé dormida y me levanté minutos más tarde. Cuando miré el reloj y vi la hora que era, me preocupé muchísimo porque pensé que no me iba a dar tiempo; por eso me vestí y desayuné lo más rápido posible. Quedaban unos dos minutos para que sonara la sirena del colegio, y mi madre todavía me estaba haciendo el bocadillo.
Al final, pude llegar a tiempo pero, cuando estaba hablando con mis amigas, me di cuenta de que ¡llevaba las zapatillas de casa puestas! Mis amigas se rieron muchísimo, pero yo estaba muy avergonzada. Por suerte, los profesores no me dijeron nada, pero yo me moría de la vergüenza. Cuando era la hora del recreo, les pregunté si me podía quedar en clase porque no quería que todo el mundo me viera así, y me dejaron quedarme. Durante la media hora que duraba el recreo, me quedé sola en mi mesa sentada y aburrida. Estuve todo el día muy avergonzada, y cuando sonó la sirena de salida del colegio y yo ya decía: "¡Por fin!", fui corriendo a mi casa y se lo expliqué todo a mi madre.
Después de contárselo se rió un poco, aunque para mí no tenía ninguna gracia; pero, cuando lo pensé realmente, me di cuenta de que era lo más gracioso que me había pasado en toda mi vida.

Primer verano juntas en Rota

Macarena:
Había llegado el verano. Todo estaba listo ya; las maletas, metidas en el coche, todo preparado, estaba ya dentro del coche. Todo se repetía una vez más, creía que otra vez sería igual, otro verano más, monótono, sin nada nuevo. Pero al poco de llegar a mi destino, el pueblo de Rota, tuve una agradable sorpresa: una de mis mejores amigas había adquirido una casa allí. Pocos días después empezó todo; quizás uno de los mejores veranos de mi vida, uno que pasé con quizá mi mejor amiga, una chica de preciosos ojos celestes, muy alegre, graciosa y que siempre estaba ahí para ayudarme cuando lo necesitaba, con la que compartí inolvidables días en la playa. Además conocí a su prima, una chica aunque algo pava, muy buena persona y muy graciosa; aunque se pasaba la mayoría del tiempo leyendo bajo la sombrilla, nos hicimos grandes amigas.

Teresa:
Cuando llegué a Rota por primera vez no pude contener la emoción al ver mi apartamento, pero lo que captó mi atención fueron los jardines que rodeaban la urbanización y las dos enormes piscinas que en estos se encontraban. Cogí las maletas, corrí hacia la casa, entré como un pequeño torbellino en la habitación, tiré las maletas en la cama y me puse a rebuscar en ellas nerviosamente el bikini. Nada más lo tuve puesto, corrí de nuevo hacia afuera, me salté la pequeña valla que rodeaba la piscina y me tiré a ella de cabeza; el verano había comenzado y aunque creí que sería genial, nunca pude imaginar la de aventuras que viviría pues aún no sabía que allí también tenía un apartamento una de mis mejores amigas, una chica con un gran corazón, graciosa pero cuya risa no suele mostrar y que siempre está dispuesta a ayudar a los demás.

Mi primer día de instituto

La mañana del quince de septiembre era mi primer día de instituto. Todo era nuevo para mí: los profesores, mis compañeros, etc... Yo, al ver que llegaba tanta gente, miré para los lados a ver si conocía a alguien, pero nada más que conocía a dos o tres amigos.
La entrada del instituto cada vez se llenaba más. Al ver que un profesor reunía a los niños para que se fuesen al SUM, yo me acerqué. Cuando llegaron todos al SUM, los profesores comenzaron su presentación. Una vez que terminaron las presentaciones, comenzaron a repartinos unos ejercicios para posteriormente evaluar nuestro nivel de conocimiento. Entre los cambios de esos ejercicios nos dejaban un breve descanso. Nos volvieron a llamar, y así sucesivamente hasta tres veces. Y después de haber acabado todos, nos fuimos a casa. Al llegar a mi casa pensé que el instituto no sería tan fácil como el colegio.
Al siguiente día cuando entré en la clase me senté en la segunda fila, pero después vinieron unas niñas (Miriam y Aida) y me dijeron que si me podía quitar, yo les respondí que sí. Cogí mis cosas y me puse al final.
Cuando llegó el primer profesor, empezó a pasar lista. Yo como era nuevo no estaba en ella; entonces le dije a mi tutor que me pusiera en todas las listas de mis profesores.
Cuando llegué a mi casa , muy emocionado le dije a mis padres que había conocido a muchos niños y niñas.
Ahora soy muy amigo de dos compañeros (Carlos y Andrés) y también de algunos niños de otras clases.

Viaje de fin de curso

Era un lunes temprano. Todo el mundo estaba deseando que llegara ese momento, y todos teníamos que estar en el colegio, esperando al autobús, a las ocho en punto. Estábamos muy nerviosos y, cuando nos despedimos de nuestros padres, nos fuimos. Iban nuestro profesor, Juan de Dios, la profesora de la otra clase, Emilia, y el que hacía las fotos, Manolo. El viaje duró alrededor de dos horas y media, y algunas personas llegaron incluso a marearse.
Cuando llegamos allí, había tres monitores: Julio, Mónica y Fernando. Ellos nos enseñaron el campamento y las habitaciones.
Al día siguiente, nos levantaron con música a las 9:00, desayunamos y nos fuimos a hacer actividades en tres grupos diferentes: bicicleta, tiro con arco, tirolina... Luego, nos fuimos a comer, descansamos un rato, y nos fuimos a un pueblo a hacer una yincana. El objetivo era coger todas las pistas del mapa y llegar antes que los demás. Algunos grupos se dividieron en otros dos grupos y, como uno de ellos no tenía mapa, nos perdimos. Al final, dos grupos nos encontramos e intentamos localizar a los monitores y a nuestros compañeros. Cuando vimos que estábamos perdidos, todas las niñas y un niño nos pusimos a llorar y, finalmente, los encontramos y nos fuimos a las cabañas. Nos duchamos, cenamos y nos quedamos un rato jugando a juegos muy divertidos.
El segundo día, por la mañana, hicimos rápel, piragüismo y cars, y por la tarde, las actividades del día anterior que no hicimos porque no nos dio tiempo. Y por la noche, después de cenar, hicimos más juegos y una "mini" discoteca. Debemos decir que todos nos quedamos roncos por la discoteca.
Al tecer día hicimos senderismo por la mañana, y nos dejaron bañarnos en la piscina media hora. Después de comer, hicimos nuestras maletas y por la tarde, nos fuimos al pueblo de al lado a hacer un concurso de fotos; había que ir haciendo fotos con las cosas que te pedían en el pueblo. Al final, dieron premios a los que ganaron la yincana, el concurso de fotos y el cerdómetro (que era una actividad para ver quién tenía la habitación más limpia, poniendo nota).
Hicimos muchas fotos y nos divertimos mucho, pero llegó la hora de irnos y nos dio mucha pena.
Fue un viaje que nunca olvidaremos.


FIN