Era un día de lluvia. Narciso estaba entusiasmado en coger su nuevo coche. Se encontró ya en carretera; quiso también estrenar su nuevo "GPS", pero el aparato detectó un radar aunque Narciso reparó en que tenía un pequeño defecto y decidió no hacerle caso. Entonces, la policía intentó detenerlo, pero afortunadamente salió ileso de aquel control policial.
Narciso, con altos niveles de alcoholemia, seguía apretando el acelerador hasta que se le paró su amado "Renault 5". Llorando, fue a esconderse en un temible bosque hasta que un león le acorraló. Narciso llegó a temer por su vida y empezó a gritar; unos biólogos que se encontraban en el bosque le escucharon y fueron a defenderlo, llegando a matar al león.
Narciso se dirigió a su coche para intentar arreglarlo. De lejos vio acercarse a la policía, la misma de antes, e intentó arrancar su coche, pero no pudo y echó a correr. Narciso llegó a un punto en el que no pudo más, y lo arrestaron.
Una vez en la cárcel, se dieron cuenta de que no había calabozos individuales teniendo así que compartirlo con otro criminal. Al entrar, observó a un hombre sucio, gordo y maloliente.
-Hola, soy Narciso-dijo sonriendo.
-Soy Manolo, ¿qué has hecho para estar aquí?- preguntó el criminal.
-Me he saltado un control policial- dijo Narciso, cabizbajo.
A partir de eso se desarrolló una larga amistad que se prolongó hasta el día de su muerte, una vez liberados de la cárcel.Narciso, con altos niveles de alcoholemia, seguía apretando el acelerador hasta que se le paró su amado "Renault 5". Llorando, fue a esconderse en un temible bosque hasta que un león le acorraló. Narciso llegó a temer por su vida y empezó a gritar; unos biólogos que se encontraban en el bosque le escucharon y fueron a defenderlo, llegando a matar al león.
Narciso se dirigió a su coche para intentar arreglarlo. De lejos vio acercarse a la policía, la misma de antes, e intentó arrancar su coche, pero no pudo y echó a correr. Narciso llegó a un punto en el que no pudo más, y lo arrestaron.
Una vez en la cárcel, se dieron cuenta de que no había calabozos individuales teniendo así que compartirlo con otro criminal. Al entrar, observó a un hombre sucio, gordo y maloliente.
-Hola, soy Narciso-dijo sonriendo.
-Soy Manolo, ¿qué has hecho para estar aquí?- preguntó el criminal.
-Me he saltado un control policial- dijo Narciso, cabizbajo.
FIN