Un lunes quince de septiembre al volver del recreo, cuando el profesor comenzó a dar la clase, llamaron a la puerta. Era nuestra directora, que nos presentó a una chica nueva que acababa de llegar. Se llamaba Clara, era alta, de ojos claros, y con el pelo largo y enredado; tenía un estilo de ropa diferente, la vimos un poco rara y pensamos que no le había dado tiempo a peinarse. Pero a lo largo de la semana nos dimos cuenta de que ese era su estilo de todos los días. Como todo el mundo se reía de ella, nosotras decidimos ayudarla. Nos hicimos amigas para que confiara en nosotras.
Un día le preguntamos por qué llevaba ese estilo de ropa, y nos dijo que su madre no se podía permitir comprarle ropa nueva. Le dijimos si se venía con nosotras de compras por la tarde; y ella fue directamente a preguntárselo a su madre. Ésta no estaba muy convencida, ya que Clara nunca había tenido amigas y su madre desconfiaba un poco; pero al final accedió. Fuimos a diversas tiendas de modas, donde le compramos varios conjuntos de ropa. En la peluquería, como ella tenía el pelo largo, oscuro y enredado, le dijimos a la peluquera que le cortase el pelo , se lo aclarase y le diera brillo. Cuando estuvo preparada, parecía otra nueva Clara. Su madre nos preguntó cómo habíamos conseguido, no solo que quedara tan guapa, sino cómo habíamos conseguido haberle devuelto la sonrisa. Nosotras le respondimos que había sido un placer ayudar a una amiga tan simpática y tan amable como era Clara. Al día siguiente, cuando llegó al instituto, la gente la veía y no se lo podía creer; ella estaba encantada y no dejaba de darnos las gracias.
Al final, Clara se unió a nuestro grupo de amigas y nos lo pasábamos muy bien con ella pues era muy divertida y soñadora, nunca paraba de dar ideas para pasárnoslo bien. Quedábamos todos los fines de semana, pues entre semana nos dedicábamos a estudiar y a hacer todos los deberes, pero cuando acabábamos, todas nos llamábamos para hablar de cómo nos había ido la tarde. Era muy divertido ya que como éramos tantas las que hablábamos, se oía a las madres de algunas diciéndoles que pararan ya de hablar, que tenían que poner la mesa o que tenían que ducharse... Desde entonces nos llevamos muy bien, no nos separamos y siempre seremos amigas.