viernes, 6 de febrero de 2009

Los misterios de la mansión del bosque

Salud era una muchacha alta, de ojos claros, pelo largo, negro y liso, de carácter simpático, amable y humilde, que vivía en una pequeña aldea de Galicia. Era una de esas aldeas en las que se conoce todo el mundo, ya que solo contaba con ochenta habitantes. Se vivía del campo y del ganado, y por ello no había muchas personas en la aldea.
Un caluroso día de verano le comunicaron a Salud que su mejor amiga, Ana, había sido encontrada muerta en una mansión que estaba situada en un bosque oscuro y cercano. Las dos eran amigas desde la infancia y entre ellas había una gran amistad. Salud, cuando se enteró de la muerte de Ana, fue corriendo hasta la mansión. Allí encontró un gran revuelo. Todo estaba lleno de policías y de personas de la aldea que lloraban la muerte de la muchacha. Había algo extraño en este caso y nadie sabía el qué. Era algo que no se podía describir con palabras; algo terrorífico y, a la vez, indescriptible ya que había una gran tensión en el ambiente. Por eso, este caso se consideraba un misterio.
El padre de Salud era policía, y como ella era aficionada a resolver misterios, su padre la dejó entrar. Cuando llegó a la sala, vio cómo se llevaban el cuerpo sin vida de su amiga; en ese momento no pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos azules como el agua del mar. Estaba empeñada en resolver este misterio, costara lo que costara, ya que quería saber qué le había pasado a su mejor amiga. Cuando salió de la mansión, se tropezó con un muchacho; era el amigo de Ana, se le veía triste y apagado. Al tropezar con él, un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo la dejó paralizada. El joven era alto y musculoso, con unos ojos verdes como esmeraldas y un pelo castaño, corto y liso. Se llamaba Mateo.
La noticia de esta muerte corrió por toda la aldea. Salud con sus amigas Laura, Marta, Alejandra y Mónica, que como ella tenían catorce años, se reunieron en la plaza para investigar la muerte de Ana. Ese mismo día, por la tarde, quedaron en el bosque y comenzaron la ruta hasta la mansión. Cuando divisaron la casa, vieron que ya no había policías y se pusieron a investigar por su cuenta.
La puerta de la casa era grande y de un color parduzco. Chirrió cuando las muchachas la abrieron, y recorrieron un largo pasillo; llegaron a una sala muy extensa que parecía una sala de fiestas donde, antaño, se celebraban lujosos bailes. En el hueco de la escalera principal encontraron una estancia secreta; pero no era una sala, sino un pasillo que parecía no tener fin. Cuando llevaban ya un buen trecho recorrido, se encontraron con algo que estorbaba en su camino, miraron al suelo, pero no veían nada, estaba oscuro. Mónica llevaba un mechero; cuando lo encendió, vio que eran objetos duros con formas extrañas; todas creían que eran piedras pero no estaban seguras. Se quedaron sorprendidas ante este hallazgo; todas menos Salud, que pensaba que eran huesos. Decidieron irse de la mansión; echaron a correr, pero Salud las detuvo cuando estaban a punto de salir de aquel pasillo, y les dijo que no se asustaran. Cuando ella las convenció, volvieron a entrar, pero con mucho miedo. Llegaron al mismo lugar y descubrieron algo que no vieron antes: eran manchas de sangre. Decidieron irse porque era demasiado tarde; sus padres iban a empezar a buscarlas y a preocuparse. Volverían al día siguiente; todas se fueron con la intriga de por qué estaban allí aquellas manchas de sangre.
Ninguna pudo dormir esa noche. Al día siguiente, cuando acabaron de almorzar, decidieron volver a la mansión. Pero cuando se reunieron faltaba Alejandra. Fueron a su casa, pero sus padres les dijeron que no estaba allí; ellas comenzaron a preocuparse y regresaron a la mansión. Sonó el móvil de Salud; era Alejandra, que les dijo que no se preocuparan, que estaba con un familiar suyo. Pero sus amigas notaron su voz extraña, como si la estuvieran obligando a hablar. Vieron el número de teléfono desde donde estaba llamando y ninguna lo conocía, ya que era un número oculto. Se preocuparon, como era natural. Empezaron a pensar que tenía algo que ver con la muerte de su otra amiga (Ana) ya que, cuando cogieron el teléfono, escuchaban el sonido de una voz y se dieron cuenta de que la persona con la que estaban hablando estaba allí (en la mansión), llamando desde otra habitación.
A todas les entró pánico porque pensaban que podía ser el asesino. Pero, sin previo aviso, se abrió una puerta de color oscuro y de aspecto antiguo. Apareció Alejandra, toda manchada de sangre, y de repente se desplomó.
Sus amigas fueron hasta ella para ayudarla a levantarse. Le preguntaron dónde había estado y qué le había pasado, pero Alejandra no lo recordaba. Laura se quedó con Alejandra, mientras las demás iban a investigar a los pisos superiores.
Salud, Mónica y Marta estaban un tanto asustadas, pero no les importaba ya que querían resolver el misterio que tenían entre manos. Fueron registrando estancia por estancia, y se tropezaron con Mateo. Cuando lo vieron se sorprendieron; no esperaban encontrárselo allí. Bajaron con Mateo hasta donde estaban Laura y Alejandra, y vieron que ésta tenía mejor aspecto. El muchacho les explicó el porqué se encontraba en la mansión. Marta, que paseaba por la estancia, tropezó con el pie de Laura, le dio sin querer a un libro del escritorio, y se abrió una trampilla en el suelo que bajaba hasta el sótano. Todos bajaron menos Alejandra, que se sentía un poco débil.
Cuando estaban abajo, se encontraron con algo que brillaba en el suelo: eran unas llaves que llevaban una especie de dibujo grabado ( un escudo). Aparte de las llaves, también encontraron varios libros en las estanterías que había allí; fueron avanzando y hallaron unas huellas de un aspecto borroso, parecían de unas botas de montaña. Cogieron las llaves, salieron de aquel sótano y llegaron a los pasillos, donde había puertas a derecha e izquierda. Sabían que alguna puerta tendría que abrirse con las llaves; llegaron a la cuarta puerta, metieron las llaves en la cerradura y ¡claro! se abrió. Al entrar vieron que había unos bultos extraños, pero al acercarse comprobaron que no eran bultos, sino que eran... ¡ cadáveres !; eran decenas de niñas degolladas, decapitadas... Intentaron salir de allí, pero cuando iban a hacerlo Mateo se interpuso y dijo con voz de maníaco:
-Habéis descubierto mi secreto...
Sacó una navaja de la chaqueta para matarlas a todas. Ellas salieron corriendo hasta el final del pasillo, pero él agarró a Marta por el cabello. Las demás se detuvieron para ver lo que pasaba y se dieron cuenta de que Mateo tenía a Marta. Después de hablar Mateo, lo comprendieron todo. Les contó que estaba enamorado de todas las muchachas a las que había matado; sin embargo ellas solo lo querían como amigo, nada más.
Marta le mordió en el dedo, logró soltarse y se escapó con las demás. Cuando las perseguía Mateo, éste tropezó, se golpeó y quedó inconsciente en el suelo. Ese tiempo lo aprovecharon para llamar a la policía y salir de la mansión.
Finalmente, llegó la policía y detuvieron a Mateo. Ese día, Salud y sus amigas lograron: detener a un criminal, resolver el asesinato de su amiga y el de muchas niñas más, desvelaron los misterios de la mansión, descubrieron un montón de pasadizos...; en fin, un gran misterio. Salieron en todos los periódicos y televisiones de España y Europa.

Por suerte, esta historia tuvo un final feliz.


F I N